jueves, 21 de noviembre de 2013

Décimo cuarto día (21/11/2013)

Ayer me acosté a la 1.30 buscando juegos para que aprendieran a sumar de una manera divertida pero prácticamente solo encontré juegos online. Así que me puse a pensar y se me ocurrió adaptar el juego del pañuelo con números. Es decir, me tocó poner a fabricar unas cartas con números para poder jugar al día siguiente. Como consecuencia, esta mañana estaba reventadísima. Aún así, he tenido que levantarme e ir al cole porque hoy me tocaba dar la clase a mi.

Antes de empezar con la clase de mates hemos hecho la asamblea. Luego Ana se ha ido a aparcar el coche y entonces... empezaba la función. Para calentar, hemos hecho un poco de cálculo mental. Más tarde, Sergio y Benito han repartido los libros y hemos hecho tres páginas de sumas. Poco a poco, voy mejorando e introduciendo técnicas nuevas para que me hagan caso. De hecho, hoy creo que me han escuchado más que el otro día. Como Rocío no terminaba y todos los demás estábamos esperando para poder hacer el juego, Ana me ha ayudado y se ha quedado un rato con ella hasta que acabara. 

A continuación, he dividido la clase en dos grupos y les he repartido los números. El juego consistía en que cuando yo dijera un nu´mero, por ejemplo el 4, los 4 de cada equipo tenían que venir a cogerlo a ver quién llegaba antes. El que "perdía" apuntaba el 4 en la pizarra. Después, decía otro número. Por ejemplo el 2. Entonces, los 2 de cada equipo venían y el que llegara después, lo apuntaba en la pizarra. Seguidamente, hacíamos la suma entre todos: 2 + 4 = 6. 

La verdad es que al principio ha sido un poco desastre porque no sabían que número era cada uno. se picaban entre ellos, otros se cansaban de jugar, otros se incorporaban, otros querían ser los que dijeran los números, etc. Ha habido un momento que me he agobiado. No sabía cómo controlarlos porque estaban gritando, empujándose y casi todos querían decir los números pero ya los estaban diciendo Javier y Jesús. Así que cuando les he dicho que era la última vez que los decían para cambiar, ya no han querido jugar. Al final, he optado porque quien no quisiera jugar que pintara y solo se quedaran los que de verdad querían jugar pero eran impares y además eran muy pocos, así que cada uno tenía dos o tres números. Pero bueno, por lo menos me han hecho más caso. 

Después del recreo, he tenido que bajar a fotocopiar el cohete de Jesús para que lo pudiera pintar porque se estaba portando muy bien. Y cuando he subido, estaban viendo como relajación el vídeo del método antidislexico. Después, Ana les ha explicado en la pizarra digital las hojas del libro que tenían que hacer y los encargados han repartido los libros. Yo he estado prácticamente paseándome todo el rato entre el sitio de José Antonio y al de Adrián. No sé qué le pasaba hoy a Adrián que cada cosa que hacía, venía a enseñármela. Quería que estuviera todo el rato con él pero es que José Antonio, también necesitaba ayuda. Las actividades que han hecho, eran de las letras "f", "r" y "rr". 

Los que no habían acabado lo del libro esta mañana, lo han tenido que terminar esta tarde. Y los que ya lo habían hecho todo, tenían que dibujarse a ellos mismos para colgarlo en el mural del circo que están montando fuera de la clase. Aún esta tarde, he tenido que seguir ayudando a José Antonio y Adrián hasta que  por fin, han terminado. Pero sin duda, la que más nerviosa me ha puesto ha sido Rocío, cada vez que la miraba estaba hablando. Y cuando le llamaba la atención, parecía como que trabajaba pero al rato ya estaba otra vez de charreta. ¡¡En una hora solo ha escrito una frase!! Al final, cansada de ver que pasaba de mí, le he dicho que le iba a poner un punto rojo y la he sentado detrás para que no se distrajera con nada. Pues aún así, se ha puesto a mirar los dibujos que había en la pared. ¡Esa niña es increíble! Mira que yo tengo paciencia pero es que me saca de mis casillas... Así que me he sentado con ella y hasta que no acabara al menos una hoja entera no la he dejado levantarse. La otra hoja que le faltaba se la ha llevado para casa y ya le he dado la hoja para que se pintara y colgarla en el mural.

En cuanto a los dibujos que han hecho ... algunos estaban bien pero había otros que daban miedo de verdad. Unos ojos de niño endemoniado y unas bocas de sonrisa de payaso. En fin, son niños, tampoco se les puede pedir mucho más jajaja Ahora, eso sí, si los comparas con los que hay colgados en la clase, han mejorado bastante.

En definitiva, después de otro duro y largo día, he aprendido a controlar mi ira más de lo que yo pensaba y además, he aprendido una nueva técnica para que me hagan caso: cuando toda la clase esté revolucionada, te pintas algo en la mano y les pides que miren ahí. Por ejemplo, Ana se ha pintado una carita sonriente y entonces, todos han empezado a mirar para ver qué era. Yo pensaba que no iba a funcionar pero funciona.

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